Los Embajadores de Baghdad

Posted Septiembre 4, 2009 by gmelia
Categories: Baghdad, Extranjeros, Informativos, Iraq, Medio Oriente, Refugiados-Exilio, Turistas, Viajes

La mayoría de los clientes árabes que recibimos son del norte de África, magrebíes como también se les suele conocer. Con un temperamento simpático y socialbe a la vez que algo cargado de orgullo, tirando a prepotente. Famosos por no comprar nada hasta que no se hayan agotado todas las ténicas posibles del regateo. Métodos cansinos, casi sacando de quicio. Como he vivido en Asia, estoy algo curtida en esas técnicas de regateo. Representados en este patrón con el cual fácilmente encasillamos a todo el conjunto árabe. Sumando al sentir popular existe esa relación amor-odio al colectiovo que el pueblo llama “moros” si esta enfadado, o “marroquíes” si les ven como buenos vecinos. Relación que los hace tan odiados y queridos a la vez, ya que a estas alturas España sin árabes es inconcebible.

Créo que soy privilegiada, porque he podido estar en contacto con un grupo de árabes más afables de lo habitual. Como Mohammed, que hace años que le conozco como repartidor de lavandería. Un hombre de espíritu humilde que se toma la vida con buen humor. Y siempre tiene una sonrisa escondida a pesar de lo duro de su trabajo. De baja estatura, pero que tiene la fuerza de un toro. Fuerza que hace falta para llevar y recoger sacos de ropa limpia y sucia a los distintos hoteles, pensiones y hostales que no disponen de ascensor. Con paciencia, si observamos detenidamente los encontramos a estos seres afables. A esas bellas personas de las que nos gustaría tener en nuestras listas de amigos.

La otra noche mientras subía al metro, de camino al trabajo, e irritada por el agobiante calor tras salir de un tren con aire congelado en vez de acondicionado. Destacaba en el pasaje un par hablando. Estaban en asientos opuestos, ella en frente mío, a la que podía ver claramente; y él a mi lateral derecho. Entre los idiomas árabe y francés discurría su conversación. De las escasas palabras en francés podía entender se estaban dando instrucciones para ir a ciertos lugares. Ella hablaba con alegría sin ocultar su expresividad acogedora. En la siguiente estación subió una avalancha de gente y una señora cayó aplastándola. Con la mitad sobre ella, y la otra mitad sobre el asiento que supuestamente intentaba ocupar. Me sorprendió ver la reacción de la mujer árabe; que se volvió a la invasora de su espacio personal con una sonrisa y le dijo: ¡no pasa nada! Y continuó tan dicharachera en su conversación. Si yo hubiera estado en su lugar… a lo mejor, creo que me hubiera mordido la lengua para no decir nada a la mole humana que se sentaba inesperadamente sobre mi. Pero estoy casi segura que no hubiera tenido esa sonrisa de bienvenida a ese cuerpo extraño!

Cuando trato con alguien de algún país que no he visitado, si deja buena impresión en mí; pienso: ¡Ahí quisiera ir yo de visita!. Hace tiempo que sentía curiosidad por Iraq. Uno ve tanto horror en las noticias de lo que ocurre en ese país cuna de la humanidad, que me intriga conocer a los miles de habitantes que viven su día a día en ese conflicto y no estan al alacance de un teleobjetivo. Ese espríritu de viajera que llevo dentro ahora tiene algo más de qué agarrarse. Recientemente, hemos tenido clientes, de Iraq. Todos originarios de Baghdad. Los primeros en llegar fueron un matrimonio, después un par de hombres; y en la última habitación un hombre solo. Entre ellos no se conocían, pero me hacía pensar que venián para alguna conferencia. ¿Cómo es posible, de no tener nunca clientes de ese país; así, sin mas, tres habitaciones que en un lapso de quince días que estuvieran aquí?
El matrimonio era una pareja joven, de menos de cuarenta años, dedicados a hacer turismo. En varias ocasiones me pidieron información para visitar lugares de interés. Sus elegantes y sedosos modales de cordialidad rompian mis moldes preconcebidos de los árabes. Posteriormente, llegó el par de hombres de unos treinta y cinco años, también con esa mezcla de humildad, cordialidad. Acompañados de una emoción inocente de estilo infantil, de maravillamiento como si estuvieran visitando un lugar encantado.Y confirmaban mi teoría-deseo, “yo quiero visitar su país, porque usted le reperesenta estupendamente”.
El tercer visitante, tenía mas dificultad para comunicarse, su inglés y francés eran básicos. No obstante, su lenguaje corporal y su mirada hablában el mismo lenguaje que sus compatriotas, cordialidad y humildad. Noté que estos visitantes venían con documento europeo, de un país famoso por su ayuda humanitaria y por otorgar asilo político. Este visitante tenía una mirada vivaracha, cargada de una historia de supervivencia y quizas de los horrores de una tortura que quedó atrás. Tenía mucha dificultad para andar. Se notaba que no era una disminusión física de nacimiento o de la infancia, como polio. Su rostro y mirada contaban que lo había molido a palos o quien sabe que otra cosa escalofriante. Recuerdo la madrugada que se marchó. El aire acondicinado no enfriaba mucho, hacía mucho calor esa noche. Me pide que se lo arregle. Los recepcionistas a veces tenemos que hacer de fontaneros o técnicos de mantenimiento. Le digo que tiene que dejar la puerta cerrada para que enfríe. Me hace el gesto que tiene calor y al explicarle que frío “congelado” no se va a poner, sino frío normal, se encoje de hombros y sonríe. Si hubiera sido algún árabe magrebí me hubiera pedido a la primera que le rebajase el precio. Al marcharse a eso de las 5 de la madrugada y agradecerme por la estancia que lo pasó fenomenalmente, me quedo con su inolvidable mirada penetrante. Era como si me quisiera contar algo, su historia, su peculiar peregrinage por este mundo. Su escaso vocabulario le impedía relacionarse verbalmente. Me dolía verle marcharse haciendo equilibrio al bajar las escaleras con se pequeño maletín de viaje. Su dolencia le daba aspecto de fragilidad, pero la expresión que transmitía su rostro era de un superviviente luchador. Posiblemente, solo por la vida, habiendose salvado el pellejo, exiliado en una tierra distante de la que le vió nacer. Como tantos exilados anónimos cargados de historias de supervivencia. Historias de “me caígo y me vuelvo a levantar”. De he perdido todo pero aún sigo vivo…

A pesar de la compleja situación política Iraquí, de las noticias que nos impulsan a creer que aquello es una “tierra de nadie” y que no atino a comprender o justificar en estos momentos. Creo que valdría la pena si se presentara la oportunidad de visitar aquel país. Aunque obviamente, entiendo que nuestra Embajada no recomiende tal desplazamiento. Estos Embajadores de Baghdad me hacen creer que es una tierra apetecible mas allá y a pesar de las noticias que nos llegan.

Monólogo: La chica del carro

Posted Agosto 22, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Españoles, Extranjeros, Juventud, Mayores, Playa, Transporte Púlico, Turistas, Verano, Viajes

20:25 horas. Venimos de la playa como tantos otros en este día típico de verano. Y con mi hija hacemos transbordo en la Vía2. El ambiente del andén respira a vacaciones, está embriagado de un Cocktel de sombrillas, un sudamericano pasa con un ingenioso carro para llevar la nevera que ha llevado a la playa con sus provisiones del día, parejas gay que vienen de la playa, y la película que pasa delante de mis ojos cada segundo es más interesante. Un hombre de origen chino se sienta a mi lado, está abrazando un libro super gordo con la foto de alguien. ¿Será de historia? porque lo abraza como algo muy querido…me quedo con la intriga, ya que no soy lo sufientemente atrevida para ponerme a conversar y preguntarle por el tesoro que abrazan sus manos. No nos falta el explorador con gorro verde, mochila y cantimplora colgando. La chica del carro de la compra pasea de un lado para otro mientras con su otra mano sostiene su teléfono móvil con el cual habla sin parar.

La película de escasos quince minutos de espera se hace interminable, sus protagonístas siguen desfilando: pantalones cortos, vaqueros desflecados, calzado por excelencia “chanclas”, ojotas, flip-flops… alguien leyendo con gafas de sol en este túnel de luz artificial. Y llega el tren y subimos este cocktel explosivo de seres tan diversos. En sus vagones continua la fiesta de adolescentes que han ido en grupo a la playa. Botellas de cerveza que se rozan, bolsas de papel con menú rápido.

Ella continua lo que a todos nos parece ya un monólogo en toda regla, no podemos quedar indiferentes. Su voz pide protagonismo y lo ha conseguido hablando con compañeros del trabajo, con su padre, y con el resto de su pueblo!. Comenta que su amiga que habla ocho idiomas está buscando trabajo, parece que es su jefa la que está al otro lado del móvil. ¡Ahi la reconozco! No es un carro de compra, es su herramienta de trabajo, pues ha venido a mi lugar de trabajo para dejar folletos turísticos.

Me sigo embriagando en esta tarde de verano de las escenas que me rodean. Por el cristal de enfrente observo a una pareja acurrucada, ella se reclina sobre el. En el asiento opuesto entre el pasillo que nos separa toma posición un señor mayor, calvo. Me recuerda a mi padre. De camisa blanca impecable y pantalon negro. Está fatigado y aparentemente le duele algo; lo demuestra con gestos de disgusto. Su frente arrugada más de lo normal. Dos caballeros se sientan a la derecha con sombreros de vaquero negro, al estilo “cowboy” norteamericano. Se unen a nuestro lado dos chicas que suben en la siguiente estación, e intentan continuar con su conversación que traían antes de subir al tren. Pero no pueden, se miran entre sí, nos miran, como preguntando qué pasa. Es la chica del carro continua a toda voz. Ahora pasa a hablar en catalán con su amiga y le dice que ella ya no usa tacones, será que se está preparando para ir a una fiesta. Grita: ¡Abuela! me alegro de hablar contigo. Retoma otra vez la tertulia con su amiga con su amiga; Su, la parada del metro es Marina, yo lo miro en internet y el día que sea el Razzmatazz va a temblar. Como empleada de la Industria del Turismo se que lo que va a temblar es la pista de baile de la famosa discoteca a la que siempre estoy enviando turistas o dándo direcciones de cómo llegar. Cómo se puede leer o conversar cuando el monólogo continúa como si estuviéramos en el teatro… Somos sus expectadores involuntarios. finalmente se despide “Chau mi amor”.

El anciano se vuelve hacia mi como diciéndome ¡Qué mal estoy! mira hacia atras como si todo le molestara. Su cuerpo está inmóvil. Contrastan con su malestar sus zapatos negros que están resplandecientes del buen cepillado que les ha dado, al estilo de antes, como cuando los hombres nunca salian a la calle sin cepillar su calzado.

Detras del lector con gafas de sol, se hubica una mujer rubia con pulseras como las mujeres paquistaníes, de oro amarillo opaco. Vienen a mi mente tiempos pasados en aquellas tierras lejanas donde las joyas son una de las tantas importantes preocupaciones en la vida de una mujer.

El barullo del fin de semana continua en los otros vagones. Me fascina la diversidad de gentes, etnias, vestimentas, comportamientos, actitudes. Y aún más, en esta tarde veraniega en cierto modo me divierte un poco.

Tan libre y segura de sí misma La chica del carro, sin prejuicio de contar su vida a los cuatro vientos. Tan desgarrador el dolor de la vejez, del que muchos no nos damos cuenta viene hacia nosotros y antes que nos demos cuenta nuestros huesos tendran soportar.

¿Quién conoce tu soledad?

Posted Julio 25, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Espiritualidad, Mujeres, Música, Religión, Ricos y Pobres, Sin Techo, Transporte Púlico, Turistas, Viajes

Regresaba a casa hacia las tres de la tarde después de un excepcional día laboral matutino. Desde mi sitio en la Vía2 contemplaba el paisaje veraniego de la estación. Digo veraniego porque la mayoría eran turistas o pasajeros en plan de vacaciones. Cada uno soportaba el bochorno agobiante como podía y a su manera, pero caras felices no se veían. Parecía como si los pasajeros estaban bajo juramento de ni siquiera pronunciar palabra. El calor aplastante no permitía ningún tipo de charlas dicharacheras. Unos pocos privilegiados disponíamos del tan preciado abanico para hacer más llevadera la espera. Finalmente, y sin ninguna duda podíamos decir que el verano había llegado a Barcelona.

En la vía opuesta, la Vía 1, reconocí entre tantos a la inconfundible dama de las baladas de amor. Con su guitarra enfundada y cargada en la espalda. Mí corazón saltó por un instante, no se si de alegría, al ver a un personaje familiar, o si fue por la añoranza de su música. Pensaba: hoy que me habían dado una propina y tenía para compartir con ella, se encuentra en la vía de en frente, la Via 1. La seguía con la mirada como si mis ojos tuvieran boca y le pudieran gritar: ¡Vente a la Vía2 que hoy tengo una propina para compartir contigo!

Mí emoción y alegría de verla se transformaba repentinamente en un desgarro al corazón. Ella estaba en una gira especial. Una gira, no prescisamente musical. Iba de cubo de basura, en cubo, buscando algo. Por la hora que era, imagino que buscaba comida. Escarbaba intensamente en cada uno. Quizá su almuerzo sería el bocadillo a medias que alguien había descartado, o un zumo a medio acabar, o fruta.

Los pasajeros ignoraban este penoso itinerario de la cantante de baladas de amor. De su peregrinar silencioso de cubo en cubo en busca de comida. Sólo yo desde la Viá de enfrente, sabía que era un alma solitaria en necesidad. Quizá Ella se creería sola, pero alguien la observaba y sentía por ella. Alguien elevaba una plegaria en su favor. Pensaba que de la misma manera que yo estaba observando a esta mujer, y su soledad; Dios nos ve, y aunque nos parezca que estamos solos, y que nadie entiende nuestras soledades y miscelaneas de necesidades que tengamos; El está esperando a que le busquemos para recibir sus bondades eternas y sus misericordias diarias.

Mi suspirar por ella y su soledad acabaría pronto, el tren llegó y ella desaparecía. A dónde iría esta vez no lo se, se que un tren se interpuso entre nosotras y la alejaba de mí, su amiga invisible.

Reflexiono y pienso en mis seres queridos, amigos y desconocidos que habitan este planeta. Muchos… todos, somos como la dama de las baladas de amor. Peregrinamos por el mundo con lo mucho o poco de posesiones a cuesta en nuestras espaldas. Vamos así muchas veces acompañados con nuestras soledades. Necesidades por cubrir. Hambres de cariño y comprensión. Somos todos hermanos en esta tierra que gime de dolor. Yo encuentro alivio y comfort para mis soledades en los brazos de Dios. En sus inagotables misericordias que llegan a mi diariamente, inesperadamente, como la propina de hoy.

Baladas de amor en el tren

Posted Julio 16, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Cataluña, Crisis, Mujeres, Música, Rodalies-Trenes, Transporte Púlico, Viajes

Es el vivo retrato de alguien que canta porque la música es su pasión. Aunque se pasea por los vagones mendigando por alguna caridad tras cantar algo. No se esfuerza mucho, si le dan bien, sino no insiste. Ella sabe que canta bien, quizás no entiende porque tanta tacañería, porque no hay un aprecio por su regalo musical. Tras salir del vagón gira su cabeza mirándonos como diciendo: vosotros tampoco entendéis, que esto es música de verdad? Tiene la apariencia de alguien que necesita el dinero para vivir, y que canta para al menos ganarse el pan, pero no se si será que en las tardes y noches cuando me dirijo al trabajo, los bolsillos no sueltan generosidad. Me encantaría poder darle alguna moneda como muestra de apoyo a su bonita voz, pero es que a mí ni las monedas me sobran en estos días. Ya estoy más que acostumbrada a viajar solo con el billete. Porque mi dinero ya se ha consumido antes de llegar mi bolsillo en ponerme al día con las deudas.

Esta vez, la veo salir del baño, tosiendo como siempre, pero me llama la atención su camiseta de color amarillo claro. Le daba un aire de aseada, de pulcra. Normalmente mienras de desliza con su guitarra en mano, a su paso deja un aroma de haberse duchado hace tiempo, de dormir en la calle. Con olor de haber pasado su día entre más de un vaso de vino y demasiados cigarrilos. De baja estatura, pelo rubio corto, y un estilo maculino a modo de coraza protectora. En su rostro deja ver que ha sufrido desamores que han marcado su destino. Mas o menos de mi edad o más joven quizá, pero con una trayectoria de sufrimiento esculpida en su mirada.

Esta vez estoy con los ojos cerrados, en mi breve siesta antes de llegar a mi estación de destino, y comienza a cantar, como tantas veces. Y me pregunto cómo una voz así no es conocida, y no tiene una discográfica. La competencia es dura diran los entendidos…. abrise camino solo unos pocos, los afortunados. Canta baladas, se parece a alguien que en estos momentos no recuerdo, ya lo anotaré cuando recuerde el parecido. Pero un estilo de aquellos que vengo escuchando desde mi niñez y juventud, Manzanero, Cortéz, Serrat, Rosana. ¡Ya está! una de sus canciones es Contigo a prendi de Armando Manzanero… Su voz suavemente rasgada, canta pero parece que cuenta un cuento de amor y desamor. Cada letra que pronuncia te llega a las fibras más íntimas del corazón. Su voz es un bálsamo que acaricia y repara nuestras almas. Yo que no soy muy romántica me conmuevo, su voz me trasporta a un mundo de enamorados idílico. Su voz melodiosa te incita a amar la música y a querer más. Al escucharla te entra una sed, porque empiezas a beber su música penetrante como cuando tienes sed de agua, y quieres más y más hasta saciarte. Una música que se transforma en poesía.

Espero reunir el coraje algún día y hacerle la gran pregunta: ¿cómo te llamas? Alguien así no merece la indiferencia del anonimato. Ya la vida la ha tratado con bastante indiferencia. Decirle por su nombre a la cara que me gusta su música, sus baladas de amor, su voz. Quien sabe cúando habrá sido la última vez que alguien la llamó por su nombre… Agradecerle por el regalo que nos hace a los pocos pasajeros que viajamos de noche al trabajo o al fin del mismo. Mientras el tren nos transporta a nuestros destinos ella nos transporta por unos instantes al mundo de las historias de amor. Por un instante me olvido de la hipoteca, el banco y las crujientes responsabilidades de los adultos.

En silencio cada vez que pasas con tu guitarra hago una oración por ti, cantante solitaria. Pues te mereces más de lo que te ha tocado vivir, te mereces un escenario y público que te aclame. Te mereces vivir con la dignidad del ser amada, correspondida.

!Qué siga la música en el tren¡

Música a las 8.35

Posted Junio 23, 2009 by gmelia
Categories: De buenas maneras, Música, Transporte Púlico

La vía2Platform2 me esperaba con la normalidad de siempre, y algunas caras conocidas de todos los días.  Conocidas porque las veo cada mañana, algunas alertas y listas para entrar a su puesto de trabajo y otras como la mía, agotadas y deseando llegar a casa para dormir.  A veces lo primero que hago al subir al tren, después de buscar el mejor sitio posible, es cerrar los ojos y empezar a recuperarme con una siesta breve.  Esta mañana me resisto a esa siesta y lucho contra el sueño leyendo un periódico gratuito, quiero decir intentando leerlo. La estridente música incívica de un pasajero me comienza a irritar. No soy la única que   siente que su espacio inmediato está siendo invadido por canciones indeseadas a esa hora de la mañana. Algunos pasajeros saltan de sus asientos como despedidos por un resorte y empiezan a cambiarse de de lugar hacia el otro extremo del vagon. Esta alma alegre a estas horas de la mañana comienza a cambiar constantemente la frecuencia y las canciones, exacerbando aún más la irritación de todos. A los que hemos estado luchando contra natura durante la noche para estar despiertos, es como si nos patearan la cabeza.  Y no es que no me guste Andy y Lucas ya que mi corazón saltó de alegría al escuchar una nueva melodía. Pero me disgutó que me los hagan escuchar agresivamente y violentamente como en esta mañana, definitivamente no.Saltando de canal en canal entre entre distintas melodias y cantantes. Aparento  que estoy leyendo, hojeando las páginas del periódico,  pero estoy debatiendo conmigo misma. ¿Por qué nadie hace nada? Estamos irritados todos, menos uno,  esperando angustiosamente que alguien le diga que pare esa música… Yo a punto de explotar pues mi cabeza siente como un bombo haciendo gon, gon, gon!!!. Reflexiono… por eso en nuestra sociedad muchas veces malvivimos,  porque no nos queremos involucrar, esperamos que alguien haga algo.  Sabemos o intuimos cuales son nuestros derechos, pero esperamos que otro los reclame por nosotros… en fin, no estaba dispuesta a aguantar las dos paradas que me  faltaban escuchando una música que no pedí. Miro hacia arriba y hacia atrás para asegurarme que no viene de los altavoces del tren. No vaya a ser que nos haya tocado un conductor que nos esté turturando a esa hora de la mañana. Ya que en los trenes antiguos ponen música suave. Pero en los nuevos, como era en este caso nunca la había escuchado.  Me levanto de mi asiento, creo que tenía la expresión en mi cara  como la de un ogro, pues voy buscando con la mirada inquisodora a cada uno de los que estaban detrás de mi asiento. Los inocentes me miran con cara de miedo como diciendo ¡yo no he sido! hasta que llego al feliz musiquero matutino. Me inclino y le digo podrías bajar la radio por favor? me mira con esa cara de niño travieso,  inocente, que expresaba sin palabras… “me has pillado”. Antes que yo acabara mi frase la música muere. Directamente apagó la música de su teléfono móvil. Aunque yo le pedí que bajara solo el volúmen.  Al fín, ¡ Tren en paz! Creo que se podía oir esa paz que cada pasajero sintió al momento que volvio la calma.¡ Qué bien que me sentía! Todo un logro el  haber defendido  mi espacio auditivo, no solo el mío, sino el de tantos que me acompañaban en esta mañana. Lo único positivo del incidente musical, además de que haya apagado la música, es que pude ponerme al día con la buena música de Andy y Lucas.

A los dos días después, pero mientras iba al trabajo de noche, ocurre algo similar. Me siento, y trato de descansar con los ojos cerrados, en frente  pero al costado mío hay una joven tratando de estudiar que pasa desapersivida como tantos pasajeros.  Sube una mujer con su móvil en mano y cumbias  a toda voz.  La joven no dijo nada verbalmente. Físicamente su expresión corporal gritaba quita esa música ya!!!!. Empezó a sarandear sus libros  de arriba para abajo.  Mientras el resto de pasajeros echaban sus miradas acompañadas de las maldiciones silenciosas que se saben hacer es casos similares. Miradas cargadas de todo lo que le dirían a esa persona que perturba la tranquilidad del viaje,  por no tomarse el trabajo de levantarse y decirle que baje la música.  Esta vez la paisana, se dío cuenta que el ambiente estaba espeso de malestar y apagó la música. Al fín su compañera retomó sus estudios, la pasajera que tenía en frente mío continuó con su libro, porque en Cataluña se lee mucho, y yo continué con la breve siesta antes de llegar al trabajo…

Lo que cuesta convivir en armonía… o es que yo a mis casi cincuenta años estoy hecha una cascarrabias??? Al menos me siento satisfecha de mi victoria en el tren de las 8.35. Ahora es cuestión de seguir practicando cuando aparezcan estas pequeñas batallitas. Pelearlas con coraje.  En vez de maldecir silenciosamente al que perturba nuestra tranquilidad y paz.

La dama de Monsolís

Posted Abril 23, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Cataluña, De buenas maneras, Españoles, Mayores, Mujeres, Prostitución, Rambla, Robos y hurtos, Transporte Púlico, Viajes

Hoy mi ruta de regreso a casa pasó por la vía 2 de la estación del Clot d’Aragó. Una hora más tarde de lo habitual, una parada más cerca de mi destino.

Las calles de Barcelona ya respiraban ese espíritu festivo de Sant Jordi.   Desde temprano, antes de las ocho de la mañana se iban arrimando a la Rambla  los diferentes puestos de ventas, y se iba cerrando así el capítulo nocturno de la Rambla. Ese monótono panorama de prostitución, borracheras, griterío y hurtos a turistas  que se contemplaba desde mi balcón laboral cada noche.  Los inspectores de la Generalitat habían madrugado y controlaban que los puestos de  los libros y las rosas estuvieran en su lugar correcto. Vi como  hicieron desplazar unos 40 mentros atrás en la calle a un puesto de rosas. Mientras atravesaba el bario del Raval, vi a varios hombres asiáticos que caminan rápidamente en dirección hacia  la Rambla con sus tarimas y caballetes para instalar sus puestos de rosas.  Ellos ya tienen la práctica de vender por la noche rosas en la Rambla.  Otros cincuentra metros atrás del primer grupo, a paso más lento venía otro hombre asiático con un carro improvisado. Empujaba un cajón de plástico azúl lleno de rosas.  Yo me perdería este festejo, ya que después de mi rápida gestión en Sant Antoni, cogería el Metro hacía el Clot para regresar a casa y culminar así  mi jornada laboral.

Al salir del Metro antes de entrar en el tunel que me llevaría a la estación de cercanías, me irritó al ver un grupo mixto de  cinco o seis carterístas esperando como buítres a los distraídos pasajeros.    Me cruzo con una extranjera, que sale distraíada de la estacion de trenes. Está como   buscando hacia donde seguir. Lleva una mochica en su espalda y le aviso que tenga cuidado que hay carterístas más adelante.

En la sombría, fría  y oscura vía 2 del Clot,  los interminables minutos de espera se me amenizarían con la demanda de información que otra pasajera me solicitaría. Ella iba  hacia Gerona y quería saber si el tren a Cervere la acercaría hacia su destino. Primero a Gerona y continuando luego por otros medios de transporte hasta Olot.  Le quedaba más de media mañana de viaje.  Cuando hace la pregunta sobre  cúanto tiempo es el trayecto del tren, simultáneamente, mi compañero de asiento y yo respondemos hora y media!

Entretanto que  ella y mi compañero de asiento se preparaban para subir al tren que entraba en la vía2, llegaba otra pasajera que ya se había percatado que teníamos montada ahí  nuestra pequeña oficina de información improvisada.  Al verla llegar yo me quedo contemplando  su agradable peinado y color de pelo, con un mechón blanco en la frente y el resto con un tinte de color rubio tostado claro.  Me llamó la atención porque  siempre estoy debatiéndome a mi misma si ponerme tinte o no en el pelo, y su estilo me pareció de lo más agraciado y sumamente atractivo.

Me pregunta si el tren a Sant Celoni  pasaba a las nueve y treinta y un minuto Y le contesto que eso era antes del nuevo horario y del nuevo recorrido de trenes. Que ahora pasaba a los 40 minutos de la hora. Me cuenta que su amigo le insistió que el trén que debía coger era el de las y treinta y un minuto, pero que obviamente él no estaría informado del cambio de horario.  Yo aprovecho a estudiarla en detalle, pues quiero grabarme en la memoria su color de pelo por si  algún día me atrevo a su estilo que resemblaba al de  María Rosa Calaf. Pero mucho más elegante que el que lleva la famosa y prestigiosa periodista catalana. También observo que las crueles arrugas me informan que mi próxima compañera de viaje ya ha pasado la barrera de los 70 años o está a punto de llegar.

Al anuniar  la llegada de nuestro  tren y me levanto para comunicarle  que me desplazaré hacia adelante para estar más próxima a la salida de la estación, que es la misma que ella intenta bajarse.   Noto que me sigue y que mi presencia se ha transformado en un bastón imaginario que ella necesita para continuar  su viaje.  Decido esperarla y aconsejarle dónde es mejor que subamos,  ya que con los trenes nuevos si uno no sube en el lugar correcto luego descender es mucho más difícil por el desnivel que existe entre escalón y andén. Y sinceramente a estas edades ni yo ni ella estamos para poner en riesgo a nuestras cada vez más frágiles rodillas.

Compartimos el mismo asiento,  y ella me empieza a contar el recorrido que viene haciendo y que viene de Monsolís, lo que ahora se conoce por Mongat Nord. Me explica que su casa está del lado de la playa. Continuamos hablando de los horarios y rutas de trenes, de las fallas del sistema ferroviario y confusiones que causan todas estas averías, ella me explica que ha quedado con amigos en mi pueblo y que de ahi seguirán en coche hasta Gerona.

Yo sigo observándola no tanto ya por su peinado que obviamente me ha causado un gran impacto, sino por su mirada y su estilo de comunicación exquisito.  Tienen la mirada de una persona culta, vivaracha y despierta; sagaz.  Una mujer que a pesar de su edad se nota que tiene un buen pasar, o  que es una persona felíz y contenta con su lote en esta vida.  Su conversación aunque no es nada expectacular, porque hablamos de trenes y rutas de las cercanías : cautiva.   Sabe a sazonada con la gracia de la madurez,  la feminidad y la elegancia.  Su ameno y buen hablar  parece que estoy hablando con una gran dama, no una mera pasajera.  Ella está tan interesada en lo que yo cuento como yo lo estoy de ella. Esos momentos de charla con ella, me hacen olvidar que estoy cansada,  porque ella emana esa alegría que es dulce sin ser empalagosa. Destaca su serenidad y calma sin dejar de estar alerta a todo lo que nos rodea. No puedo dejar de pensar en mi compañera de trabajo, Carme que vive también por esa zona de la costa. Con quien disfruto mucho las escasas charlas que tenemos en nuestros cambios de turnos. Y pienso quizá las catalanas de esta zona tienen algo especial. Esa magia en su hablar que muchos españoles ignoran que los catalanes tienen.

Nos despedimos como si nos hubieramos conocido toda la vida, le deseo un Feliz Sant Jordi y ella me desea que descanse bien.  Su compañía me ha purgado de  las cosas desagradables  de las que soy testigo por las noches. Se ha ido y me quedo con ese sabor de alegría que todavía hay gente que vale la pena. Gente que no sabe de vulgaridad ni groserías. Gente cuya presencia se transforma en un bálsamo cuando hablamos con ella. Solo lamento que no fuí más ágil y la dejé marchar sin pedirle su teléfono. Pues me hubiera encantado poder quedar en otro momento y continuar saboreando de su exquisita personalidad, y sus atentos modales tan macerados en la sabiduría de sus años que desplega la dama de Monsolís.

Un transeúnte amable en las vías del tren

Posted Marzo 19, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Cataluña, Españoles, Juventud, Solidaridad, Transporte Púlico

Las Vías 1 y 2 están vacías. Unos pocos pasajeros quedamos en los asientos. Se acaban de marchar los trenes y la marea de gente ya había abandonado la estación. Quedábamos los que íbamos llegando para coger otro tren. En esos instantes yo estoy demasiado cansada como para ponerme a leer durante mis 20 minutos de espera. Mi cuerpo me reclama que es mi hora de dormir, pero decido observar a los otros semejantes.

Anuncian la llegada del tren a Castelldefels, un jóven corre, se le cae un libro gordo que venía leyendo, al agacharse para recogerlo se le caen todos los papeles de su mochila. Un desparramo total, segundos que cuentan si no quiere perder el tren. Yo desde la vía opuesta, al igual que muchos de los que estábamos en la estación hacemos nuestras kabalas, lo cogerá o no al tren  a tiempo…??? Pero al igual que la sangre brota de una herida,  salta de su asiento un señor que por lo visto las rodillas no le ayudan, pero su voluntad le tansforma en una gacela, para ayudar a ese joven a recoger sus papeles. Ante semejante espectáculo, digo espectáculo del señor mayor que sus  fuerzas no le acompañaban, pero sí su voluntad;  presenciandolo hay  otro muchacho que estaba sentado justo en frente del libro. Entonces desde su perezosa juventud arrastra su cuerpo para levantarlo. A modo de ofrenda, los miembros de este equipo desparejo van colocando todo sobre la mochila que yace en el suelo.  El jóven sale corriendo con sus pertencias y logra subir al tren.  El señor y el otro muchacho regresan a su asiento e inmediamente la gente  sale del tren como si se tratara de un dique roto. Gente que lo más probable, a no ser por ese gesto de amabilidad espontáneo, lo hubieran  atropellado en su afán y prisas matinales por salir de la estación, mientras el intentaba recoger todos sus materiales dispersados en la Vía 1.

¿En qué se benefició ese jóven en esta mañana? En haber ahorrado media hora, que es el intervalo entre los trenes hacia su destino. ¿En qué me beneficio yo?  Entre  toda la muchedumbre que transita por estas vías del tren hay un transeúnte amable, del que tengo mucho que aprender. Que a pesar de sus limitaciones físicas por su edad, su espíritu estába dispuesto para socorrer a alguien con una necesidad. ¡Dios ayúdame a salir de la comodidad del “ya lo hará otro” !

Esperanza

Posted Marzo 11, 2009 by gmelia
Categories: Docentes, Educación, Españoles, Hijos, Juventud, Padres, Trabajo

Entre las decenas de personas  desconocias que cruzo al entrar en los túneles de los trenes de cercanías, es agradable  llegar a la Via 2 y ver  a una cara familiar lleyendo el periódico. De ella puedo hablar lo poco que sé y lo que mi hija me ha comentado. La Espe, como le dicen sus alumnos del Instituto, es Embajadora de lo que todo buen padre  quiere para sus hijos: Educación.  Esperanza es docente,  profesora de Instituto.  Su nombre representa ese anhelo que   tenemos los padres   al  enviar  a nuestros  hijos al colegio y demás instituciones académicas.       Esperanza a que los años dedicados a estudiar les abran la puerta a un porvenir acomodado. Muchos padres, y me incluyo,  esperamos a que nuestros hijos logren lo que nosotros no pudimos o dejamos a medias, ya sea por falta de medios,  buen consejo, o circunstancias mayores que se presentaron sin llamar a la puerta de nuestras vidas. Y nos gustaría volver el rejoj atrás y atrapar esas oportunidades que nos han pasado de largo o hemos dejado pasar.  Algunos somos conscientes que la educación académica no es sólo una herramienta para obtener un buen trabajo, sino también para que desarrollemos una vida mejor. Pues al dejar las aulas tendremos los suficientes conocimientos como para seguir buscando solos más instrucción y saber que nos guíe o ayude a tomar deciciones en la vida. A seguir buscando respuestas para todo lo que inmensamente ignoramos.

Ella es una docente que cada mañana sale como cualquier trabajador a cumplir con su deber, yo diría su pasión.  Sus cabellos grises la distiguen como una persona que  va contra la corriente y los canones de belleza de nuestra sociedad.  Pautas de belleza urbana que claman a voces  que nos tiñamos las canas, que las ocultemos, que no se note que nos vamos haciendo mayores. Y aclarar quiero, que no estoy hablando de una anciana, sino de una señora  elegante, que ronda los cincuenta años como yo.  La admiro por ese valor,  porque  demuestra que es una mujer de principios. ¿Cuálés? Todos aquellos que la llevan a ser ella misma.  Su personalidad es más fuerte que una  imagen sin cabellos grises.  En segundos que abre la boca, uno se da cuenta que está con una persona  llena de energía, positiva, muy vivarcha.  Ella sabrá sus penas, pero al menos lo que transmite es bueno y no deja indiferente a nadie.

El ser humano está en constante aprendizaje desde que nace, copiamos hábitos de nuestros padres, cometemos a veces los mismos errores que ellos hicieron y detestamos a muerte! Nuestra personalidad se forma por la Educación que recibimos y esta pasa por dos escuelas y dos clases de tutores. Ambas, o se complementan, o bien están en guerra entre sí. La educación que se recibe en el hogar es fundamental para empalmar con la que se recibe académicamente. Pues la capacidad de aprendizaje y respeto a los tutores se forja desde temprana edad.  Si nuestros hijos son amados,  aceptados con sus virtudes y limitaciones, corregidos a tiempo por nosotros los padres, estamos poniendo la mejor materia prima para que los docentres sigan imprimiendo en ellos el resto del conocimientos que les servirán de herramienta  para construir ese buen porvenir que  todo padre quiere para su descendencia.

Tristemente, hay niños que entran en las instituciones académicas sin esa primera enseñaza básica que se aprende en el hogar. Llegan mal aprendidos de violencia, de falta de respeto, de tolerancia, de falta cariño y reconocimiento.  Padres que envían  a sus hijos esperando a que los educadores se transformen en padres y hagan todo lo que ellos nunca han hecho. Y la otra cara triste de la educación es cuando los maestros y profesores viven amedrentados por alumnos y padres que su modo de vida pasa por la continua violencia, la agresividad, la falta de respeto, la chulería y el desprecio absoluto  a todo lo que tenga que ver con la autoridad, con las buenas costumbres…

Cuando le pregunté a mi hija cómo definiría a su profesora. Sin pensar me respondió cuatro cosas: dedicada, comprensiva con los alumnos, coherente y graciosa. Bueno, bueno, bueno! ¡Me doy por satisfecha!  Considero que mi hija ya ha aprobado la materia de la Sra. Esperanza.  Recuerde o no de lo que aprendió en clase a mi me da igual.  Porque eso que le  ha transmitido esta docente en cuestión, es lo que acompañará a mi hija a su vida adulta.  “Un ejemplo a seguir”.

En mis años de educación básica aprendí muchas cosas que no recuerdo  ahora, como por ejemplo sacar la raíz cuadrada, ¡Y con lo que me gustaban las matemáticas! Me encantaba en el secundario pasar a la pizarra a resolver las ecuaciones del profesor, el Sr Coniglio…. A los seis años aprendí unas líneas  que me han acompañado hasta ahora. En ese,  mi primer curso de primaria teníamos un Director, que usaba una bata blanca como los médicos. Un hombre alto, tan grande que nos parecía un gigante.  Su cabello negro peinado con gomina hacia atrás; al estilo de Carlos Gardel. En aquella época antes de entrar en las aulas nos hacían formar fila en el patio y cantábamos el himno a la bandera. En Argentina la tierra que me vió nacer, existe el himno nacional y el himno a la bandera y otras marchas patrióticas.   Además del himno, el Director, que lamentablemente no recuerdo su nombre, nos hacía recitar unos versos del poeta cubano José Martí que dicen así: ” Cultivo una rosa blanca en julio como enero para el amigo sincero que me da su mano franca y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo, en julio como en enero cultivo una rosa blanca. Lo que aprendí en ese patio todavía sigue resonando en mi cabeza, en mi ser.

¡Gracias Esperanza! ¡Gracias a todos los docentes españoles!

Por salir cada día con vuestra ilusión y dedicación, vocación y pasión, a dar lo mejor que tenéis para que nuestros hijos tengan esas herramientas que les ayudarán a  entrar  en el difícil mundo de los adultos. Y así, estar capacitados para  construir su propio porvenir, su propio destino.

¿Quieres dogras?

Posted Febrero 5, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Cataluña, Drogas, Educación, Hijos, Juventud, Mujeres, Padres, Prostitución, Rambla, Ricos y Pobres, Robos y hurtos, Turistas

Son casi las once de la noche, y vendo mi primera y única habitación de mi jornada laboral  a una parejita de recién estrenados adultos. Con sus 18 añítos, estos niños españoles de origen chileno llegan entusiasmados a Barcelona escapando del frío francés. Dicen “desde que hemos llegado aquí, todo el mundo nos atiende muy bien con una sonrisa”. Y mi corazón dice “¡Viva España! ¡Visc a Barcelona!”  Les devuelvo la mejor de mis sonrisas para confirmar la teoría que traen, aunque personalmente creo que se le puede arrancar una sonrisa hasta al más antipático. Todo es cuestión del arte de la comunicación, personalidad  y dominio de la lengua.

Llegan ya con historias que han escuchado, “que  Barcelona no  duerme de noche”, que hay siempre fiesta y preguntan si pueden entrar y salir por la noche.  Respondo afirmativamente, que sí pueden cuantas veces lo deseen. Que la Rambla no duerme.

Son ya pasadas las once y media de la noche cuando salen alborotados de alegría a disfrutar de su excursión nocturna.  Pero, a la media noche, como la Cenicienta  están de regreso. Asustados, nerviosos, no era lo que se imaginaban…  Para los que no estan familiarizados con el boulevard más famoso de la capital catalana, la Rambla, tiene dos caras. La de día y la de noche. Totalmente opuestas. Digamos  que  la de día es apta para todo público, con el colorido de artistas y estatuas humanas y kioscos que venden desde revistas, flores,y souvenires y;  la de noche para adultos curtidos en los vicios mundanos.

Si fueran mis hijos, diría que mis bebes regresaron asustados pero sanos y salvos a contarme lo que habían visto y experimentado en esa escasa media hora.  Acosados por prostitutas africanas que hay en las  farolas, (hay de varias nacionalidades y españolas también) pero ellas sobresalían sobre las demás) y por los vendedores de cerveza asiáticos. El chico me dijo” uno de ellos se me arrimó al oido y me dijo ¿Quieres drogas? Alarmados por esa bienvenida decidieron refugiarse en su habitación y dejar la fiesta para otro lugar.

Quizá, todavía haya lugares en este mundo donde nuestros nenes y nenas estén a salvo de los males que tienen plagado este rincón de la ciudad.

Pero esto no es culpa ni de las nigerianas, ni de los pakistaníes. Ellos mismos vienen escapando del hambre y la pobreza, dejando atrás familias  que han empeñado todo lo que tenían para que estos  embajadores  consigan un trabajo  en el mundo desarrolado.  La tan esperada ayuda para obtener una vida digna para sus hijos; educación, un techo seguro, buena alimentación. Y no sufran las carencias que les han empujado a ellos a dejar su tierra . No es que yo aplauda  el tráfico con el cuerpo humano, ni la venta de drógas para subsistir, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…no se que sería yo capaz de hacer si me encontrara en la situación que muchos se encuentran de desesperación para alimentar a los suyos.¿ No vimos hace escasamente una semana en España Directo, a un padre español, que mataba conejos para alimentar a sus hijos porque no tenía trabajo y lo habían multado con unas sumas atronómicas porque rompía la ley? Al final muchos acabarán como la película de Los Miserables de la novela de Victor Hugo, en la cárcel por robar un pan!  No quiero justificar a los que se enredan en estos negocios callejeros ilegales, pues como en todos lados más de uno caerá en esas actividades por la codicia de dinero rápido sin importarle el daño que hace a terceros.   Pues si hubiera  algún pobre que no le gustaría estar mejor, esa sería la noticia del siglo!  Estos vendedores ambulantes clandestinos  se han dado cuenta que para sobrevivir en un país desarrollado,  sin papeles, ni conocimiento del idioma local se tienen que transformar en la plaga detestada por todos.  El estómago manda, la cama hay que pagarla, y la inmensa deuda que han dejado atrás hay que saldarla. La deuda del viaje que nos  trajo a estos embajadores tan polémicos, a la tierra prometida! La Europa donde sus  sueños serán truncados, la Europa  de sus amarguras y desdichas… Y hacen lo que hacen, porque sin papeles y sin el idioma lo tienen crudo para abrirse un hueco en el puesto  laboral de sus sueños…

Me da pena que la imagen de la bonita Rambla se vea enturbecida por los buscavidas nocturnos, pero es lo que hay. Vivimos en un mundo cada vez mas global, donde algunos se enriquecen cada vez más y otros se empobrecen aún más. Ricos que viven ajenos a estas pequeñeces que cuento aquí, y se creen los faraones del planeta, con el séquito de sus bienes terrenales.  ¿A que todavía hay alguno que solicita en su testamento ser enterrado en un sarcófago de oro?!! ¡¡ ¡Si de  polvo somos  y al polvo vamos señores!  Un suspiro que hoy está y mañana nadie sabe dónde reposaran sus huesos.  Muchos iran a la tumba sin haber experimentado la gratificación que siente el alma,  la alegría y paz que siente el corazón al practicar  una de las grandes lecciónes que podemos aprender en esta vida. Que mejor es dar que recibir. Repartir que Acumular…

En cuanto a los críos de esta noche, sus padres merecen un diez, por la buena educación que les han dado. Seguro  estarán tranquilos, aunque a los padres nos cuesta estar tranquilos si no los tenemos cerca, al alcance de un abrazo y beso para cerciorarnos que todo va bien. Este par de novatos de adultos, siguen felices con sus vidas sanas.  Estoy convencida que los jóvenes de hoy en día que saben decir no a aventuras y placeres que no tienen un final feliz, y conducen al  callejón de una vida adulta llena de remordimientos y sin sabores , es porque sus padres han sabido educarles y guiarles para  enfrentarse al complicado universo de los adultos. Y  si carecen de padres es porque algún adulto se ha tomado el trabajo de amarles como sus padres lo hubieran hecho  y les ha orientado. Que para ser feliz en esta vida no hace falta consumir nada que altere ni el sistema nervioso, ni las emociones, ni el riego sanguineo ni nada de lo que alteran las drogas. Personalmente mi felicidad depende de estar en paz con Dios. Pero se que no todos los que lean mis líneas estarán de acuerdo conmigo en esta sentencia que acabo de pronunciar.

A los padres de mis huéspedes de esta noche, me gustaría poder decirles enhorabuena! habéis aprovado el master de la carrera de “Padres” dormid tranquilos que vuestros chiquillos saben vivir la vida sin  meterse en líos.

Los Invisibles

Posted Febrero 4, 2009 by gmelia
Categories: Barcelona, Crisis, Espiritualidad, Informativos, Religión, Sin Techo, Solidaridad, Trabajo, Transporte Púlico

Con las mejoras que se estaban haciendo en cercanías entre el 26 de diciembre pasado y el 5 de enero, mi estación habitual quedó fuera de mi alcance por unos días. Los responsables de los transportes públicos pusieron todos los medios  para que los pasajeros lleguemos a destino.  Y para ser generosa, a  mi parecer un 70 % funcionaba según el plan  implementado y el otro 30% ,  era la habitual confusión de cercanías a la que ya estamos más que acostumbrados.  Algo así como sacarse la lotería es la emoción que uno siente cuando el tren llega  a su hora… En ocasiones  los pasajeros que hacíamos la ruta diaria, teníamos que informar de la fecuencia de los trenes a los que daban la información con sus chalecos reflectantes. Uniformados como para que no los perdiésemos de vista, o mejor dicho para que nos percatásemos que se habían desplegados buenos medios de asistencia al ciudadano.  Así y todo al segundo día yo llegué tarde. Media hora, que de  noche, eso significaba que a la persona que yo tenía que reemplazar  muy probablemente cenaría cerca de la media noche por mi retraso involuntario. Con el nerviosismo de si llegaría o no a mi horario   cada día  experimentaba  una nueva  ruta posible. Combinando todo lo disponible a mi alcance, autobus, tren y metro para asegurarme de poder comenzar mi turno a las 22 horas.  Uno de los pasos obligados de esos días y más convenientes era acabar en Plaza de Cataluña y continuar el resto a pie.

 Hacía  meses que no pasaba por ese vestíbulo subterráneo, que sirve  de convergencia de las cercanías y el metro.  En mi apuro por llegar al trabajo no pude ignorar lo que veían mis ojos.  ¡Los invisibles!  Acurrucados en hilera uno al lado del otro como hermanitos huérfanos.  En India están los intocables, en Pakistán los barrenderos, pero aquí en esta mágnifica ciudad tenemos a los invisibles.  ¡Sí!  son los que tratamos de sortear como si fueran invisibles. Los que no tienen un techo, los que carecen de una cama mullida y abrigada para que sus huesos reposen en este frío invierno.  Con los fríos y vientos de la calle no era de sorprender que ellos hubieran elegido uno de los vestíbulos más importantes de la ciudad, obviamente , porque estaba a una temperatura más que agradable.  Todos con prisas los que salíamos de los trenes o íbamos a coger uno, no teníamos un momento que perder, ya cerca de las veintidós horas,  lo primordial era llegar a destino.

Pero los invisibles estabán ahí. Y siguen ahí,  presentes, día a día, buscando como llenarse el estómago del pan nuestro de cada día. Presentes, buscando cobijarse por la noche de los vientos fríos, la  lluvía cortante y de  turistas embriagados  y mal avenidos que los maltratan si los ven duriendo en la calle. Y esto no me lo invento, lo veo yo cada noche con mis ojitos marrones desde el balcón donde tengo mi espacio laboral.  Mi compañero fue casi testigo y digo casi porque él salio al balcón tras oir los gritos de “Nuestro Invisible Permanente”. Es el señor  que se acurruca en nuestra calle y cada vez que le doy una taza de leche caliente me pregunta por la operación de cáncer de mi esposo.  Esa noche de diciembre unos  visitantes turistas,  pasados de copas,  habían orinado en botellas de plástico y rociaron a nuestro Invisible mientras dormía.  ¡Indignánte! ¡Horroroso!  Para ponerse a llorar. Humillar al humillado porque no tiene su cama.  Porque está sin techo,  Porque está mal oliente de vivir así tirado en la calle como un cacho de basura. 

Y esto ocurre en Barcelona, la bella ciudad que encandila a todo visitante que pasa por ella. Esta ciudad de edificios majestuosos, cuyos arquitectos son el patrimonio más admirado de nuestra Catalunya.  Esta ciudad de hospitales conocidos en todo el mundo por los avances de sus equipos médicos científicos,  que son el orgullo de España. De bares y restaurantes con cocina de vanguardia, de diseñadores con creaciones mundialmente reconocidas y  sucursales en Nueva York…y la Rambla! Montaña y Playa al alcance de la mano ¡Tánto tenemos para estar orgullos de esta querida y emblemática ciudad europea!   Pero de Los Invisibles, ¡no! eso no enorgullece, eso nos debería dar vergüenza, y nos tendría que desgarrar el corazón  que un hijo de esta tierra cada noche viva amedrentado por la inclemencia de su situación de carencia y cada vez son más…

Yo tengo mis manos atadas, con una hipoteca que voy pagándola a trancas y barrancas  y cada vez  me veo más cerca de acabar como una invisible más. ¡ No puedo permanecer indiferente ante un invisible!  Cada mañana al acabar mi turno de noche me espera el placer  de meterme en mi cama mullida.  Mis huesos agradecen a Dios por mis sábanas y al techo sobre mi cabeza,  pero ellos siguen ahí, en la calle.  Buscan nuestra mirada, nuestra compasión, nuestra caridad, nuestro respeto, nuestra mano extendida para ayudarles a levantarse.  Nos hacen faltas más monjas, más relgiosos comprometidos, más gente con una  fe práctica. Porque al final del día nadie quiere hablar de Dios. Muchos en este mundo moderno y de progreso están molestos cada vez que se habla de religión  y desean que sea archivada en un armario a ser posible donde nadie la encuentre.  Pero la verdad es que, son los religiosos y la gente con valores espirituales que se compromenten y  los que arriman el hombro al más desprotegido de nuestra sociedad.